En este trabajo se exponen ideas acerca de la
definición, alcance y características de la investigación etnográfica y, además,
se comunican experien-cias desarrolladas por las autoras en torno a la
aplicación de la etnografía en la investigación socio-educativa.
Investigación Cualitativa, Etnografía,
Metodología de la Investigación, Matemática, Valores, Situación Social.
Desde un punto de vista general y conscientes de su relevante aplicación en los campos antropológico y so-cial, la Etnografía ha sido concebida como la ciencia que estudia, describe y clasifica las culturas o pueblos. El término Etnografía proviene de la Antropología en cuyo contexto ha sido definido como la rama de la Antropología que trata de la descripción científica de culturas indi-viduales. Desde esta perspectiva se distingue a la etno-grafía como "una teoría de la descripción", concepción ésta que ha conducido a formar la idea de que la etnogra-fía es sólo un reflejo de la realidad concreta, un dato empírico, absoluto y relativo de acuerdo a categorías arbitrarias.
En el campo de la investigación socio-educativa la Etnografía constituye una alternativa metodológica que se diferencia de los métodos tradicionalmente empleados en este campo y de los métodos convencionales que por mucho tiempo fueron exclusivamente aceptados y recomendados para la investigación educativa. Por constituir una estrategia no convencional cuyo proceso metodológico se centra más en "lo cualitativo" que en "lo cuantitativo", pareciera que la Etnografía no es aún totalmente recono-cida como válida por algunos investigadores.
Con miras a precisar el concepto sobre Etnografía en el contexto de la investigación socio-educativa podemos decir que el término Etnografía se ha utilizado para agrupar y etiquetar todos aquellos estudios descriptivos que, dentro de la metodología cualitativa, proporcionan una imagen de la vida, del quehacer, de las acciones, de la cultura,... de grupos en escenarios específicos y contextualizados.
Es necesario detenerse aquí para precisar lo que entendemos por escenario y por contextualizar en el marco de la investigación cualitativa del fenómeno educativo.
En el trabajo de Castillo Lupemar (1984) sobre "Situaciones Sociales y Observación Participante" se puntualiza acertadamente, a nuestro parecer, lo que es el escenario de una situación socio-educativa. Escenario representa lo que es el espacio físico, en donde actores o participantes comparten una actividad, un quehacer, al realizar ciertas acciones. Estos tres elementos escena-rio, participantes y actividades interrelacionados se ubican en un determinado contexto. Contextualizar en la investigación etnográfica va mucho más allá del escena-rio, del ambiente, incluye historia, costumbres, lengua-je, en un ambiente de interacción social natural (no- artificial).
Podríamos sintetizar lo que es la Etnografía en térmi-nos de descubrir y describir las acciones de los partici-pantes dentro de su interacción social contextualizada, en el sentido y significado que dan los mismos participantes a sus acciones.
El hecho de ser aceptada dentro de una
metodología no clásica, naturalista, básicamente descriptiva, ha contribuido a
que exista la tendencia a considerar la Etnogra-fía como sinónimo de trabajo
informal, libre de fundamen-tos y de enlaces teóricos, carente de
experimentación y de cuantificación e incluso generadora de informes
"novelescos" y "anecdóticos". A nuestro juicio, tal percepción sólo refleja un
profundo desconocimiento del verdadero alcance de la Etnografía y de las
elaboraciones teóricas que de la misma pueden derivarse.
En relación con el alcance de la investigación etnográfica algunos autores lo limitan básicamente a la labor des-criptiva (Wiersma, 1986: 238). Desde este punto de vista, el propósito fundamental del estudio etnográfico puede ser sólo describir una cultura o algún aspecto de una o más culturas en una organización. No obstante, existe una visión más amplia, compleja y relevante en cuanto al alcance de la metodología etnográfica. Según ésta, la Etnografía contempla mucho más que la descripción, inclu-ye también la comprensión e interpretación de fenómenos hasta llegar a teorizaciones sobre los mismos.
Acerca de su alcance hay que enfatizar entonces que, mucho más que describir, la Etnografía permite reflexionar constante y profundamente sobre la realidad, asignando significaciones a lo que se ve, se oye y se hace, desarrollando aproximaciones hipotéticas, redefiniendo continuamente, hasta llegar a construir e interpretar esa realidad sin anteponer el sistema de valores del investigador, lo cual conduce a la reconstrucción teóri-ca. Ello nos permite afirmar que los estudios etnográfi-cos no necesariamente son estudios limitados y que además la Etnografía puede llegar a utilizarse en problemas teóricos.
En este orden de ideas, ¿la Etnografía nos garantiza una metodología seria, rigurosa y no superficial? La concepción exacta acerca de la estrategia etnográfica involucra tanto un determinado tipo de procedimientos en el trabajo de campo como la fidelidad del producto final en la labor de investigación. Por ello, el etnógrafo tiene el compromiso de alcanzar una descripción profunda que le permita interpretar no sólo las conductas sino también sus significados en un determinado contexto cultural, descubriendo e interpretando lo relevante, lo que tiene sentido para el actor, a fin de formular conclusiones realmente significativas de la realidad abordada.
Para garantizar que así sea es preciso tener
presente tanto la realidad cultural como las acciones concretas de los
individuos con miras a articular los significados culturales con la visión del
grupo observado y con la perspectiva del etnógrafo. Esto lleva a considerar el
trabajo etnográfico como una forma particular de cons-truir el objeto de la
investigación ("lo que se investi-ga"), a plena conciencia de que en esta forma
particular de construir la realidad subyacen supuestos teóricos relacionados con
una concepción general de la cultura como totalidad.
Una característica relevante de la Etnografía es que incorpora las experiencias, creencias, actitudes, pensa-mientos, reflexiones, de los participantes. La Etnogra-fía considera tales aspectos en los mismos términos y significados que le dan las personas a sus acciones, ya que Etnografía supone describir e interpretar los fenóme-nos sociales desde la propia perspectiva del participan-te: "... tal como son expresadas por ellos mismos y no como uno los describe" (Watson en Montero, 1982:19).
Podría surgir entonces la interrogante ¿Por qué razón la investigación etnográfica interpreta las acciones sociales desde la perspectiva del propio actor o partici-pante?
La investigación cualitativa, y por ende la investiga-ción etnográfica, se propone descubrir lo que está detrás de las acciones sociales basándose en la siguiente con-cepción:
En primer lugar, la persona actúa ante las cosas según el significado que represente para ella. En segundo lugar, el significado en cada persona se deriva o surge de su interacción social. En tercer lugar, los significa-dos se manejan y modifican según el proceso de interpre-tación de las personas.
Si la Etnografía asume que las acciones sociales se producen en los participantes según su forma de percibir, entender, interpretar, juzgar y organizar su mundo, para investigar sobre las acciones sociales no hay una vía más propicia que la de preguntar directamente a los partici-pantes por qué actúan de determinada manera. Esto quiere decir que el etnógrafo escudriña por qué las personas actúan tal como lo hacen y a qué significados obedecen. En la Etnografía, entonces, se asume la relevancia del papel del actor y se insiste en comprender las acciones sociales desde la perspectiva del propio actor.
Por todo lo dicho anteriormente, podemos afirmar que hacer etnografía es tener presente aspectos explícitos e implícitos, manifiestos y ocultos, objetivos y subjeti-vos, lo cuantitativo y lo cualitativo.
Al hablar de los aspectos subjetivos en la Etnografía, ¿podría pensarse en que "cualquiera podría decir cual-quier cosa como le parezca o perciba"?
Para aproximarnos a la respuesta, tendríamos que revisar la concepción que tiene la investigación cualita-tiva acerca de lo subjetivo, de cómo lo subjetivo se convierte en el término "significado" y de cómo se proce-de a investigar con estos aspectos.
Por una parte, lo subjetivo de la investigación etno-gráfica se manifiesta en tres dimensiones. Una primera dimensión está conformada por los propósitos, motivos, significados que definen la acción social propia de la persona. Una segunda dimensión la conforma el promedio o común del grupo de personas. La tercera dimensión es el significado que construye el investigador. En este con-texto de la subjetividad etnográfica, algunos autores se expresan refiriéndose más bien a la intersubjetividad de tal forma que la Etnografía personaliza el trabajo cien-tífico pues quien investiga participa directamente e interactúa con las personas involucradas en la situación social que se estudia.
Al desarrollar su trabajo, el etnógrafo genera hipóte-sis o interrogantes que conectan los estados subjetivos de los individuos y la acción social. Estas hipótesis se van precisando, modificando y/o profundizando a medida que se avanza en el ciclo metodológico etnográfico. De esta manera en el proceso de la investigación, cuando se asume un aspecto subjetivo es porque es producto de un consenso metodológico.
Otro aspecto que caracteriza a la Etnografía es el de estudiar la cultura como unidad particular. El propósito fundamental de un estudio etnográfico es descubrir una cultura o una parte de ella dentro de una organización, partiendo de la observación de las conductas que se evidencian en la interacción de las personas y descu-briendo el significado cultural de tales conductas desde la óptica de los propios participantes y del investiga-dor.
Además, la Etnografía utiliza un proceso cíclico de investigación. En dicho proceso, las actividades pueden ser repetidas de acuerdo con la información que van arro-jando las observaciones. Es posible avanzar al próximo paso sin haber resuelto todo lo que requiere el anterior, ya que luego tendrá oportunidad de revisar, reajustar, modificar o completar informaciones si así lo requiere el proceso. Este carácter cíclico hace que la investigación no sea totalmente estructurada y preconcebida, por lo que podríamos decir que la planificación de un estudio etno-gráfico es muy general.
Asimismo, cabe resaltar la flexibilidad inherente a un estudio etnográfico. El investigador puede emplear di-stintas técnicas de recolección de la información; no se requiere la formulación de hipótesis prediseñadas, ni esquemas teóricos rígidos antes de iniciar el estudio de campo. La teoría emerge de la propia realidad en forma espontánea. La flexibilidad también se refleja en la postura del investigador quien trata de ignorar cualquier idea preconcebida que pueda influenciar la interpretación de lo que observa. Esta característica de flexibilidad en los estudios etnográficos ¿puede insinuar que vamos a iniciar nuestro trabajo de campo sin haber logrado lo que entendemos por una planificación del estudio? o ¿sugiere más bien que nos podemos permitir algunas improvisaciones en la investigación?
El etnógrafo planifica su investigación en
términos generales sobre el objeto de su estudio (lo que va a investigar) antes
de iniciar su trabajo de campo. Se plantea hipótesis o interrogantes acerca del
fenómeno con la certeza de que tendrá sucesivas oportunidades para precisar,
redefinir, reordenar y hasta reorientar su estudio, lo cual como ya hemos dicho
en párrafos anterio-res sintetiza una actitud distinta ante la investigación.
Por lo tanto, la flexibilidad en los estudios etnográfi-cos no debe entenderse
como falta de rigor. El rigor de los estudios etnográficos está dado por las
reconstruc-ciones teóricas, por el auto-reconocimiento del nivel en que se
encuentra el trabajo y por la búsqueda de coheren-cia entre las interpretaciones
y la realidad.
En relación con esta interrogante quizás resulte para algunos injustificada pues al hablar de "verdad científi-ca" pareciera que todo el mundo está claro en lo que ello significa. Pero realmente ¿hay consenso en qué es lo científico hoy en día? Tal vez, para muchos lo científico se refiere aún a una verdad absoluta, indiscutible y generalizable que se fundamenta en rigurosos tratamientos matemáticos y estadísticos que garantizan una total objetividad y neutralidad por parte del investigador. Para quienes así creen no hay duda posible al respecto. Sin embargo, para muchos otros lo científico no tiene necesariamente que referirse a esa verdad inmutable. Ya numerosos investigadores están de acuerdo en que lo científico no tiene por qué estar reñido con la subjeti-vidad humana, con sus sentimientos y con los significados que la misma persona asigna a sus actitudes y conductas. Con quienes así opinan nos hemos identificado.
La reflexión sobre lo que es científico también po-dríamos orientarla sobre cómo se ha venido hablando durante bastante tiempo acerca de "lo que debemos enten-der por Ciencia", referida en casi todos los textos como la forma particular de descubrir y verificar fenómenos al estilo de la ciencia positivista. También se nos ha enseñado que el conocimiento científico es aquél obtenido únicamente por el "Método Científico" y cuando se habla de este método se está refiriendo al método de la ciencia positivista.
A nivel de la práctica personal en la investigación, este saber adquirido es sometido a confrontación al descubrir que hay otra manera de concebir la investiga-ción, la ciencia y el método científico. Esto nos lleva a pensar sobre la legitimidad del conocimiento y de la información recabada. ¿Es legítimo únicamente el conoci-miento obtenido mediante el "método científico" antes referido? ¿Hacemos ciencia sólo cuando realizamos inves-tigaciones bajo la óptica cuantitativa- positivista? Estas son algunas interrogantes que surgen en este tema. Se trata entonces de reconceptualizar los términos Cien-cia, Método y Conocimiento Científico tal como han sido definidos convencionalmente.
La experiencia que hemos comenzado a acumular en
el ámbito de la estrategia etnográfica nos ha permitido, por una parte, comparar
el proceso emocional vivido en un patrón de investigación básicamente
racionalista que tiene por substrato el paradigma cuantitativo de investi-gación
socio- educativa y el que se vive al abordar el fenómeno desde una perspectiva
fundamentalmente cualita-tiva. Aunque cada caso es de vivencia particular y muy
propia, y por supuesto sin ánimos de pretender hacerla generalizable, en el
primer caso enfrentamos un proceso bajo tensión. Recibimos una serie de
observaciones antes de interactuar con la realidad a estudiar. Observaciones
que, nos atrevemos a asegurar, ha enfrentado cualquier principiante al abordar
una investigación. Esta vivencia podemos ahora compararla con un proceso
emocional de menor tensión, menos agresivo, más fluido, en el cual la
identificación con el problema, con la literatura y con la realidad natural a
ser estudiada nos permite vivir una sensación menos conflictiva.
Un primer aspecto importante a abordar cuando refle-xionamos sobre lo oculto en el campo de la investigación es el referente a la concepción sobre "metodología". Metodología designa el modo en que enfocamos los proble-mas y buscamos las respuestas (Taylor y Bogdan, 1986: 15). (El subrayado es nuestro) En esta manera de enfrentar los problemas están "ocultos" los elementos personales subyacentes que defi-nitivamente afectan la tarea de investigar. Por la plataforma filosófica donde se ubica la Etno-grafía, que es el caso que nos interesa destacar, podemos decir que desarrollar una investigación etnográfica involucra algo más que utilizarla como herramienta para describir íntimamente las acciones sociales. Una investi-gación de este tipo exige un compromiso con una manera de concebir al mundo, a los problemas, a los fenómenos sociales, al sujeto (quien investiga) y al objeto (lo investigado) susceptible de investigación. Este compromi-so que adquiere el investigador etnográfico lo sumerge en un mundo pleno de interacciones y sentimientos en el cual interviene con una doble responsabilidad: por un lado participar espontáneamente sin distorsionar la manera natural de deselvolverse el grupo, y por otra descubrir e interpretar lo más fielmente posible la dinámica que define significativamente el contexto de ese grupo en particu-lar. Todo este panorama de interacciones está necesaria-mente afectado por elementos implícitos, ocultos, no manifiestos.
Subyacente a esta manera comprometida de abordar los problemas está el esfuerzo que supone asumir y apropiar-nos de una metodología distinta, considerando que hemos sido formados en una metodología convencional. Este esfuerzo, ya lo hemos dicho, supone despojarse de un modo de pensar y de abordar la información; supone despojarse de esquemas que no siempre se adaptan a la situación socio-educativa que se estudia.
Preguntarnos sobre lo oculto en una investigación genera en nosotros otra interrogante. ¿Qué hace que un investigador seleccione una u otra metodología?. Además de razones técnicas, académicas o de otra índole relacio-nadas con la investigación (como podrían ser el tipo y alcance del problema, las condiciones apropiadas del escenario) por sobre todas las razones se destacan los intereses, valores, sentimientos, supuestos y propósitos personales del investigador. Estos elementos constituyen ese mundo oculto que a veces ni el propio investigador vislumbra conscientemente. Son estos elementos no visi-bles los que moldean la intención genuina del investiga-dor al enfrentar una realidad a través de una determinada metodología.
Puesto que no siempre se da importancia a lo que llamamos "lo oculto" en una investigación es por lo que deseamos reflexionar al respecto. En cada uno de los momentos relacionados con el proceso de investigación están implícitos los sentimientos y valores del investi-gador: desde que seleccionamos el problema y la metodolo-gía hasta que producimos el informe final. Por supuesto esa dimensión oculta que se revela a través de intereses, posturas, decisiones y acciones individuales se genera o está en clara conexión con un contexto social global en el que intervienen elementos académicos, económicos, sociales, culturales, políticos, así como valorativos e ideológicos.
Es nuestro interés resaltar que lo importante
para nosotros como investigadores es estar lo más conscientes posible de la
existencia y de la influencia de esas fuerzas ocultas o implícitas, tanto al
desarrollar una investigación como al interpretar los trabajos de otros autores.
Estar conscientes de que la neutralidad abogada y requerida en otros tiempos es
poco menos que imposible lograrla en una labor tan impregnada de nosotros mismos
como lo es investigar en el ámbito educativo.
En la actualidad se discute ampliamente el plantea-miento de la existencia de dos paradigmas de investiga-ción socio-educativa (algunos autores hablan de coexis-tencia, otros de complementariedad, otros de ruptura entre ambos paradigmas) o de dos perspectivas distintas "la cuantitativa" y "la cualitativa".
Ciertas expresiones que manejan los autores vienen a sintetizar la caracterización de cada tendencia... Se habla de una perspectiva "cuantitativa" que se resume en "lo que sucede es lo que el investigador dice que ocurre", mientras la perspectiva "cualitativa" se sinte-tiza en "lo que sucede es lo que los participantes dicen que ocurre".
Trasladando estas premisas que definen a cada para-digma al ámbito educativo, se afirma que las investiga-ciones cuantitativas son estudios realizados "sobre¨ educación, a diferencia de las investigaciones cualitati-vas que se realizan "en" educación.
Sobre los señalados paradigmas también se ha argumenta-do que la investigación cuantitativa utiliza una metodo-logía "externa" (el fenómeno es observado desde afuera) y la investigación cualitativa una metodología "interna" (el fenómeno es observado desde adentro).
Por otra parte, se asocia el origen de los paradigmas a posiciones filosóficas contrapuestas. Se afirma que el paradigma cuantitativo emplea los supuestos mecanicistas y estáticos del modelo positivista de las ciencias natu-rales, fundamentados en el racionalismo, el realismo y el positivismo lógico. Mientras que el paradigma cualitativo posee un fundamento decididamente humanista para entender la realidad social emanado de la posición idealista según la cual el mundo no es dado sino creado por los indivi-duos que en él viven (Cook y Reichardt,1986: 62).
En resumen, "lo cuantitativo" se identifica con el número, lo positivo, lo hipotético-deductivo, lo particu-lar, lo objetivo, la búsqueda de resultados generaliza-bles, lo confiable y lo válido... Mientras que "lo cuali-tativo" se asocia con la palabra, lo fenomenológico, lo inductivo, lo holístico, lo subjetivo, la interpretación de casos, lo creíble y lo confirmable.
En el caso particular de la Etnografía (como investi-gación cualitativa) se resaltan los aspectos subjetivos sin despreciar lo objetivo (lo observable), no interesa generalizar, tipificar, ni buscar muestras representati-vas sino contextualizar (el fenómeno depende del contex-to), describir grupos en un escenario particular y natu-ral y en una situación específica, no se garantizan los resultados en términos de validez ni confiabilidad sino más bien se reporta en la información: su credibilidad (para hacerla aceptable), su transferibilidad (relevante para el contexto), su dependencia (estabilidad de la información) y su confirmabilidad (independiente del investigador la información es confirmable).
Al ofrecer estas reflexiones sobre "lo cualitativo" y "lo cuantitativo", nuestra intención no es evaluar cada paradigma. El propósito no es diferenciar cuál de los paradigmas es "el bueno" y cuál es "el malo"... El plan-teamiento se orienta a que cada investigador tiene liber-tad para seleccionar un paradigma de acuerdo con criterios técnicos y personales. Creemos que en la decisión que tome estará reflejando su grado de compromiso el cual involucra tanto los aspectos "manifiestos" como los "ocultos".
Asimismo, queremos considerar la manera como en
la práctica se ha tratado de diferenciar las investigaciones cualitativas de las
cuantitativas. ¿Una investigación descriptiva con datos cualitativos es una
investigación etnográfica? ¿Qué hace que una investigación se ubique en uno u
otro paradigma, los datos, las técnicas, la metodo-logía...? ¿Es igual la
perspectiva para abordar el fenó-meno en uno u otro caso?
Esta experiencia es una inves-tigación etnográfica acerca de la Presentación y Apropia-ción del contenido matemático en Educación Superior.
El estudio, pretende interrogar la realidad (entendiéndose en térmi-nos de la práctica educativa) acerca de las formas de interacción comunicativa que se dan de manera cotidiana en el aula de Matemática entre docente y alumnos. Me he planteado interrogantes como las siguientes: ¿qué ocurre real y naturalmente en el aula de Matemática?, ¿en qué formas las personas (docente y /o alumnos) presentan el contenido matemático?, ¿cómo se apropian de este contenido?, ¿cuál es el significado que dan a la acción de expresar, comunicar, interpretar e incorporar el contenido matemático?, ¿cuál o cuáles teorías aportarían elementos interpretativos para comprender lo que sucede en la práctica diaria del aula?
Para dar respuestas a estas interrogantes planteo el estudio de los patrones de comportamiento individual, grupal y colectivo con respecto a los modos del habla, repertorios verbales, roles y significados que permitan indagar sobre la estructura de las interacciones comuni-cativas, de las tareas académicas y de las negociaciones que se suceden en la práctica del aula universitaria de Matemática.
La manera propuesta para incursionar en la
realidad es a través de técnicas de investigación cualitativa como la
observación "in situ" , la entrevista profunda, las encuestas, los protocolos de
análisis de interacción, en tres grupos de docentes y alumnos aparentemente
distin-tos.
De la aplicación de la metodología etnográfica reali-zada hasta los momentos, he podido derivar algunas viven-cias. Una de ellas fue la apropiación gradual, reflexiva, consciente, acerca de la manera de abordar la metodología en el trabajo de campo. El proceso lento de asumir una actitud de observar sin descartar información, despojarme - en cierta medida- de las preconcepciones sobre la enseñanza y el aprendizaje adquiridas durante mi expe-riencia como docente, sentir apertura hacia lo que puede ocurrir en el escenario y aceptación de lo que está ocurriendo aunque no haya sido previsto ni esperado. La lucha interna de querer aplicar el sentido común a mis primeras interpretaciones y al evitar adoptar una acti-tud evaluativa de lo que sucede en el escenario.
Otra experiencia que obtuve fue el descubrir la evolución que experimenta el observador en el grupo, cómo afecta al inicio su incorporación en las acciones socia-les, lo importante de explicar al grupo los propósitos de la investigación en términos muy generales, y cómo el grupo va aceptando al observador integrándolo a las actividades hasta demostrar apertura para iniciar espon-táneamente una conversación. Estos aspectos podríamos resumirlos en "aprender a vivir durante cierto tiempo en ese espacio ecológico denominado aula como un observador". En este aspecto, es incalculable la relación de ayuda que se establece con los actores (especialmente el docente) para poder cumplir con el cometido.
Mi incursión en el ámbito de la investigación cualita-tiva me ha permitido la posibilidad de trabajar en el campo educativo, con diversas técnicas de investigación diferentes en su concepción a las tradicionales, así como ir tomando decisión sobre cuáles aplicar en un momento determinado y descubrir las razones de tal selección.
En este sentido y en cuanto a la técnica de observa-ción aplicada obtuve una rica e interesante experiencia al llevar registros ("el diario") y al revivir los even-tos con el fin de organizarlos. Al mismo tiempo, he tenido la oportunidad de poner en práctica ciertas mane-ras muy personales para ir llevando los registros de la información.
Una vivencia por demás emocionante ha sido descubrir la trama de las relaciones que se dan cotidianamente en el aula y de las cuales los actores dentro de su rol quizás no se percatan, y que yo desde mi perspectiva como observadora puedo apreciar con más claridad.
Ciertamente, dentro de las cuatro paredes que confor-man el aula de Matemática se da una variada gama de intercambios entre quienes protagonizan las acciones. Se manejan significados matemáticos pero también de otra índole, y se manifiestan comportamientos aprendidos al actuar con el contenido matemático. Al colocarme como observadora me percato del protagonista complejo llamado docente, con fuertes tradiciones para actuar en su prác-tica cotidiana del aula y del protagonista complejo llamado alumno que participa con su silencio o su palabra en la construcción social del conocimiento escolar.
La experiencia etnográfica que aquí presento me ha permitido comenzar a ver el aprendizaje dependiente del contexto social y no sólo de las ideas previas de los actores y de su posibilidad de evolucionar en el medio que le rodea. Por otra parte, estoy confrontando la paradoja educativa según la cual "no hay lugar más artificial para aprender que el aula". Definitivamente, el escenario del aula resulta un ambiente artificial de vida en el que domina un contexto escolar con normas establecidas y condiciones de trabajo que limitan y deforman la puesta en práctica del verdadero aprendizaje.
Aplicar la metodología etnográfica también
constituyó para mí un esfuerzo al tratar de desenvolverme cumpliendo con las
expectativas de los actores. Resulta de interés las posibles interrogantes que
surgen entre quienes rodean al investigador, así como las expectativas de los
actores y la forma de manifestarlas. En ocasiones algunos preguntaron ¿Qué es
eso de "cualitativo"?, ¿Cómo es esa investigación que usted está haciendo?,
¡Profeso-ra, usted sí escribe! Además, me ha resultado un ejerci-cio
interesante aprender a satisfacer las expectativas de actuación, manejar
sugerencias como observadora en el aula y al mismo tiempo procesar y decidir
cuáles recomen-daciones de los manuales de etnografía se pueden poner en
práctica en ese escenario específico.
Por supuesto que en este inicio de práctica etnográfi-ca quedan inquietudes, dudas, aspectos por superar. Una inmediata, en mi caso particular, es superar la incerti-dumbre de cómo será posible derivar conceptos teóricos del análisis de la información obtenida.
Otra de mis inquietudes, a esta altura del proceso etnográfico que he venido experimentando tiene relación con la thesis por demostrar en la investigación. Esta expectativa supone el compromiso de asumir una posición en cuanto a la forma de abordar la práctica escolar de la Matemática desde la perspectiva de los complejos inter-cambios socioculturales. Mi principal aspiración es demostrar que cada grupo de participantes (conformados por docente y alumnos) ubicados en un determinado escena-rio, de un instituto particular, y reunidos en torno a un quehacer matemático desarrollan una manera de interacción propia que se traduce en lo que denomino "cultura del aula de Matemática".
Una última aspiración es llegar a mostrar
cómo la Etnografía plantea una metodología asequible de utilizar en el campo
educativo y apropiada para indagar sobre situaciones socio-educativas que
pretendan descubrir, describir, interpretar, los sucesos en un determinado
contexto.
Deseo aclarar que mi inclinación hacia la tarea de investigar siempre ha girado en torno a un mismo tópico: los Valores y la Educación. Tengo la secreta aspiración de poder conformar, en un futuro cercano, una línea de investigación sobre dicho tema.
El caso particular que interesa reseñar en este momen-to es el referente a la experiencia que tuve en ocasión de preparar un trabajo para el Simposio sobre Educación, Ética y Valores, el cual se desarrolló en el Instituto Pedagógico Rural "El Mácaro" (Turmero) en mayo de 1991.
El referido trabajo se titula ¿Qué valores subyacen en el discurso universitario? Reflexiones en torno a una experiencia. No se trata de hacer énfasis en el contenido del mismo, sino más bien referirles qué experimenté yo como investigadora al utilizar la vía etnográfica para abordar el tema particular de los valores presentes en el discurso universitario. Para cumplir este propósito debo puntualizar primero cómo fue estructurado el contenido.
El documento contiene una parte introductoria referida a Supuestos, Premisas y Conceptos básicos, en la cual se exponen los fundamentos del trabajo. Asimismo, incluye una parte básicamente teórica en la cual se pretende abordar la dimensión valorativa que subyace en el discur-so universitario, en términos generales. Por último, una parte de carácter más práctico en la cual se da a conocer los resultados de un ejercicio de investigación a nivel micro a partir del cual se realizan algunas reflexiones. La situación objeto de estudio se centra en el primer proceso de elecciones que se efectuó en la Universidad Pedagógica Experimental "Libertador”, caso Instituto Pedagógico Rural "El Mácaro", durante los meses abril-mayo de 1991, con el fin de elegir las autoridades inter-nas que regirían en los próximos años.
Cabe aclarar que la primera decisión que enfrenté fue seleccionar el escenario y los actores a considerar en el estudio. Pudo haber sido, y así lo llegué a pensar, el escenario del aula el cual podría constituir el más natural y expedito para detectar qué valores están pre-sentes en el discurso universitario. Sin embargo, consi-derando la situación particular generada en el ambiente macarino al experimentar el primer proceso eleccionario para elegir a sus propias autoridades, sentí que lo más significativo en ese momento, lo más importante para los actores (personal del Mácaro), era precisamente ese evento tan novedoso y trascendente para la vida institu-cional. Focalizar tal proceso podría constituir una fuente interesante y significativa de la realidad valora-tiva que deseaba abordar, y efectivamente así fue.
Esta primera decisión que enfrenté al iniciar mi estudio etnográfico, puede ilustrar el hecho de que el investigador en todo momento debe tomar decisiones, como lo hacemos también en la vida cotidiana, y que tales decisiones están irremediablemente afectadas por factores como: intereses, propósitos, sentimientos y valores del propio investigador, los cuales son parte de ese mundo oculto, no manifiesto e implícito, presente en toda investigación y en toda acción humana. Creo que lo más importante, en el caso de la decisión referida, es tratar de seleccionar lo que el investigador, guiándose por lo que evidencie la situación, considere como los eventos más trascendentes y más significativos de la realidad a estudiar.
Otro aspecto que también deseo relatarles es cómo me sentí durante el proceso de recolección de la informa-ción. Realmente fue una experiencia que podría calificar de emocionante, no sólo por el interés que generó en mí realizar esa tarea en el poco tiempo disponible, sino además porque requirió desempeñar un papel que hasta ese momento no había vivido, como lo es el rol de "detective". Cuando me reunía con uno o varios compañeros de trabajo (en un pasillo, una oficina, el cafetín, el patio o fuera de la institución) para comentar sobre la situación de las elecciones en "El Mácaro" trataba de captar sus opiniones y comentarios. En esos encuentros, que a veces eran formales y otras veces informales, llegué a conversar con docentes y estudiantes, y con empleados administrativos y obreros. Luego, hacía anotaciones tratando de ser lo más fiel posible a las expresiones empleadas en la conversación, incluyendo las mías, a la vez que anotaba algunos comentarios personales acerca de cómo era la actitud de las personas, qué gestos hacían , en qué lugar nos encontrábamos, fecha y hora.
Conviene aclarar que debido a la premura que
tuve para recabar la información y por las características del evento observado
(proceso de elecciones) no aclaré en un primer momento mi propósito; nadie
sabía que sus comen-tarios yo los registraría en una libreta. Actitud ésta
contraria, debo confesarlo, a la que recomiendan quienes defienden la
investigación cualitativa.
Sabemos que por razones éticas, el investigador
debe aclarar en términos generales su objeto de estudio así como la estrategia
de observación que será empleada. No obstante, la situación tal como se presentó
no me permi-tía (así lo experimenté en ese momento) aclarar el propó-sito de mis
notas; las cuales, por supuesto, forman parte de un archivo estrictamente
personal, debidamente res-guardado, en el que los nombres de las personas
aparecen en clave. Este detalle, aunque parezca intrascendente, creo que es
necesario preverlo y cuidarlo pues la inten-ción de un estudio etnográfico no es
comprometer o afec-tar a personas que simplemente están actuando de manera
sincera y espontánea, con toda la carga de criticidad y confianza que puede
generarse en conversaciones entre compañeros de trabajo. Siento el deber de
decirles que me sentí como una espía, en el más sano sentido del térmi-no, ya
que aquello que con disimulo iba observando y escuchando no lo comunicaba a
terceros, sino lo anotaba para luego procesarlo en un contexto global
institucional sin identificar nombres ni situaciones.
A veces en forma simultánea y, en ocasiones, después de esta primera fase que les he presentado, fui recabando toda la información escrita que se produjo durante el proceso eleccionario. En este caso sí aclaré que esa información la usaría en un trabajo que estaba realizan-do. Con la ayuda de algunos compañeros y estudiantes obtuve los mensajes propagandísticos emitidos en la campaña de los candidatos así como los comunicados, boletines, anónimos, programas de acción, escritos indi-viduales y grupales, emanados de diversas instancias dentro de la propia institución. Es bueno recordar que siempre mi propósito fue descubrir, en toda la informa-ción oral, escrita y "paratextual" recabada, los mensajes valorativos presentes en el discurso universita-rio.
Durante las dos primeras fases del estudio fui entrevistando a catorce informantes claves. Esta cantidad parece exagerada si consideramos lo que recomiendan algunos autores. En realidad conversé con esos informan-tes claves (diez docentes, dos estudiantes, una secreta-ria y un obrero) sólo en una o dos oportunidades para pedirle aclaratoria de algún comentario que habían emitido. Esta parte me resultó interesante porque me permitó confrontar mi percepción con la de esas personas, y debo aclarar que en casi todos los casos mi interpretación coincidió con el significado de lo que quiso decir la persona entrevistada. Creo que ello se debió a que son mis compañeros de trabajo con quienes a diario me comuni-co y conozco de cerca sus maneras de pensar.
Un aspecto que tuve oportunidad de comprobar es el carácter cíclico y flexible de la investigación cualita-tiva. A la hora de redactar el informe me fui percatando que "sobre la marcha" había ido de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás. En la práctica no siempre pude delimitar o diferenciar totalmente una fase de otra, especialmente las fases 2 y 3.
Tengo que reconocer que en ocasiones hubo falta de profundidad en ciertas fases del proceso, específicamente en lo relativo a comprobar la credibilidad de algunas de las informaciones recabadas. No realicé rigurosamente el proceso de triangulación sugerido por la metodología etnográfica.
Por todo lo que les he relatado se habrán percatado de la serie de "dolencias" o "carencias" que tiene ésta mi primera investigación etnográfica, así como de las satis-facciones que experimenté al ejecutarla. Me he propuesto introducirle algunas mejoras y completarla con el objeto de una posterior publicación.
Espero que mi modesto esfuerzo haya servido de ilus-tración a quienes están interesados en transitar el agradable sendero de la investigación cualitativa a través de la vía etnográfica. Recordemos que todo estudio etnográfico es cualitativo, más no toda investigación cualitativa es etnográfica. En efecto, Evelyn Jacob (1987) distingue cinco tendencias representativas dentro del paradigma cualitativo: a) Psicología ecologista, b) Etnografía holista, c) Antropología cognitiva, d) Etno-grafía de la comunicación, y e) Interaccionismo simbóli-co.
Por mi parte, esta experiencia me permitió hacer un primer intento de abordar la realidad desde una perspec-tiva distinta a la empleada en ocasiones anteriores. Realmente no resulta fácil enfrentar la realidad para comprenderla e interpretarla tal como se nos manifiesta, involuntariamente hay la tendencia a evaluar o juzgar la situación analizada pero éste no ha sido nuestro propósi-to. Además tuve oportunidad de verificar que la etnografía es una alternativa metodológica válida para enfrentar casos tan particulares como el proceso de elecciones en una institución educativa. Ya teníamos referencia de que ha sido empleada, por ejemplo, para descubrir la forma de saludarse de las personas, las relaciones padre-hijo, las inquietudes de los adolescentes, los problemas emociona-les, la amistad como situación social, la realidad de un mercado de las pulgas,... Todo ello nos da una idea del uso multidisciplinario de la Etnografía.
Agradezco la atención que hayan podido prestar a mi relato y espero que para aquellos que tengan la intención de iniciarse o se estén iniciando en el campo cualitativo esta exposición les proporcione algunas pistas.
Nos damos por satisfechas si nuestras
reflexiones han contribuido a aclarar algunos conceptos así como a gene-rar
inquietudes y estusiasmo hacia la investigación cualitativa encauzada por la vía
etnográfica.